Hasta ahora no habíamos especificado cuáles son los efectos más comunes resultantes de un proceso de mutación agudo. Tampoco lo haremos en esta nueva y magra publicación. Así que sigan mutando y comiendo queso suizo con agujeritos de la misma manera en que lo han venido haciendo hasta ahora. ¡Salud, compatriotas queseros!

Siempre en los momentos más salvajes, en lo profundo de tu corazón, en el fondo pero bien en el fondo. ¡No! Más al fondo todavía, esquiba el árbol y seguí más al fondo, porque bien en el fondo; allí donde termina el Jardín del Edén, donde las hormigas eruptan la carne de hipopótamo, donde la sangre es azul y donde no tenés señal para mandarle un mensaje a la bisabuela de los desodorantes. Ahí y solo ahí vas a encontrar un espacio infinito y libre como pez en la costa de las playas Montevideanas donde mutarás complacido por la soberbia petrificación de los que yacen de imaginación y buen gusto.
Cuando quieras encontrarte luego de un día estresado completo de escarabajosos caprichosos y pesados, lee nuestro blog...

Hay veces que nos sentimos tan desgraciados, tan ínfimos, que no tenemos siquiera la confianza suficiente para ejecutar una mínima mutación. Son esos momentos los ideales para mutar, sin embargo. Aquellos instantes fugaces en que sentimos que no somos nada y los pelos salen atropellados de esos lugares que tendrían que estar lampiños, son los que deben ser aprovechados para cortarnos las uñas y depositarlas suavemente, como por casualidad, en nuestra boca. Sentir su gusto calcinante, envolvente, magistralmente diseñado para enloquecer nuestro sentido gustativo y provocar la envidia de todo y de todos. Las uñas que hacemos entrar en nuestro cuerpo nos hacen vivir un poco más. Esto se da a raíz del hecho de que incorporamos una sustancia llamada "uñasol" que estimula una producción de elementos capilares discordante con los estándares aceptados por las concepciones estéticas de cualquier sociedad capitalista del planeta.
No queremos que, habiendo leído esta recomendación capital en la construcción de la conducta de cualquier ser humano (sí, usted también), nos haga caso. De ninguna manera. Nuestro propósito es que, de aquí en más, cualquier uña o desprendimiento de la misma que se registre en el ámbito de sus manos/pies, sea correspondientemente notificada, pues eso nos dará la posibilidad de acudir instantáneamente a devorar esos pedacitos de cielo que embellecen unos huesos finos y con piel que no sirven para nada pero sirven para todo, aunque no sirven para nada si tomaos en cuenta que sirven para todo, que son las manos, benditas manos peludas y callosas que pueblan los sueños de los transeúntes que a pesar de estar caminando sueñan sueños de colchones rojos y almohadas fosforescentes, limpias, condescendientes.

Es la hora justa, el clima es ideal, el tiempo pasa pero ya estamos listos para dar a flote a ese lado izquierdo del cerebro que nunca utilizamos porque no queremos morirnos sin que el mundo se entere que estamos aprendiendo a nadar en un océano colmado de tiburones.
¡Que se vayan…! Aquellos caníbales que me persiguen día tras día, minuto a minuto. Los que me obligan a sentir, a entrar en una pileta de sangre, asesinos inmortales navegando en lo más íntimo del corazón de sus víctimas.
¡Qué griten…! Los que no se vean en el espejo, los que se despiertan llorando, los que viven en una tragedia rutinaria en donde el menos cuerdo sobrevive y se envuelve en los recuerdos de la locura buscada pero jamás encontrada.
¡Qué sueñen…! A los que dedican sus vidas a lamentarse, que salgan de ese caudal perdido de angustia y dolor porque todos y cada uno de nosotros tenemos derecho a creer en nuestros sueños.

Me quedo tranquilo que la mutación es renovable y perdurará para siempre en nuestras almas y en la de cualquiera que conserve por siempre el mismo objetivo.

Mutar es como comerse una torta de chocolate con dulce de leche en el medio: uno empieza por aceptar a duras penas la consistencia pastosa de ese chocolate interminable hasta que una explosión desconcertante se produce al llegar al dulce de leche. Cuando uno empieza a mutar no entiende mucho de qué se trata ese estado superior de la mente y el cuerpo, pero basta toparse con un mutador de los buenos para hallar el sentido, el rumbo verdadero de la vida.
Otra comparación pertinente es la que voy a establecer entre la mutación y un topo con cola de pavorreal. Imaginate un topo tratando de entrar a la cueva en la que ha vivido toda su vida, pero ahora con una cola de pavorreal insertada en sus partes anteriores. Dale, imaginatelo, imaginatelo ahora. Listo. Mutar es como que un topo quiera entrar con su cola de pavorreal a su cuevita calentita.
Sí, somos unos topos.


p.d: odiamos a los pavorreales

Yo muto
Tú mutas
Él muta
Nosotros mutamos
Vosotros mutáis
Ellos mutan

No existe una definición acertada de lo que es la mutación, pero no es nuestro objetivo hacerlo, así que no lo haremos y te quedarás con las ganas de enriquecer tu vocabulario, tu universo sensato y peligroso al que nunca vas a llegar a completar gracias a la sabiduría de la vida que nos permite experimentar y perservar la sangre azul de las abijuelas pero nunca, nunca conocerlo por completo ya que éste en su previa mutación logra llegar a extremos extremadamente -valga la redundancia- incognocibles y completamente iridiscentes cuando cabalgan y huyen de las maltratadas ideas de los absurdos y antiguos profetas mas grandes del universo.
Por otra parte, las palomas bostezan cada cuatro segundos y medio y está comprobado. Está comprobado también que la comprobación es el estado desastroso que adquiere la verdad cuando un grupo de señores encapuchados que se hacen llamar científicos, pretenden desentrañar los misterios de la vida cotidiana con técnicas vanguardistas y anacrónicas, fuera de tiempo y lugar, porque la vida cotidiana es un derecho y una obligación de los pueblos acostumbrados a la pobreza y a la soledad.
Dejemos de escribir pavadas y adoremos los pies con olor a queso del Señor. Dicen que el Señor es un ser magnánimo e inmensamente devoto para con el devenir humano, pero nadie niega que tiene un olor a sobaco inaguantable.
El otro día estábamos caminando por el prado, por ese barrio de parques verdes, de árboles marroncitos y verdes, muy marroncitos y muy verdes, muy ligados a la belleza y extasiados de los elogios del viento que lo mortifica con versos seductores y envolentes, igual que cuando decimos que, que, que...